Opinión

LA “COFRADÍA” MEDIATICA DE ODEBRECHT COMIENZA A CAERSE A PEDAZOS

Por José Calderón
Periodista

Semana de cuchillos largos en los medios mermeleros

Quizás pocos lo saben pero Odebrecht y otras empresas nunca necesitaron periodistas sino soldados, -de soldadores de fisuras- elegantemente llamados “constructores de consensos”, para esconder como camuflaje perfecto fechorías imperdonables. No iban solos. Otras empresas y políticos hicieron lo mismo para robar sin mayores problemas a todo el Perú. Estas tiemblan de miedo. ¿Si habló Barata por qué no hablarían algunos cófrades antes de terminar como indigentes morales si sus cobros eran, en algunos casos, legítimos aunque éticamente censurables por participar en la conspiración del silencio?

El efecto dominó de la debacle, en términos de credibilidad -¿es que alguien aún cree a El Comercio y RPP?- ha obligado a cambios sanitarios en algunas empresas periodísticas o ligadas como Graña y Montero, porque sin credibilidad no hay negocio que se mantenga.

El garrote de la verdad verdadera tarde o temprano alcanzará a muchos más periodistas, y no solo de Lima, sino de esos con radios y televisoras en provincias, oportunamente instalados al paso de operaciones mineras, gasíferas o de energía.

Declaraciones de Jorge Barata han ocasionado un terremoto en varios sectores del país

Y llegará la onda sanitaria a los listillos jefes de “responsabilidad social” o “comunitaria” de operaciones extractivas y pronto se sabrá el tipo de espionaje que ejercían usando a los “soldados” en pueblos cumbiamberos para ejecutar el llamado “control social”, incluyendo contribuciones para las borracheras municipales por aniversario, viajes y, claro, ¿por qué no financiamiento presunto para paros y sabotajes contra aquellos gobiernos locales que se negaban a brindarles sus ansiadas licencias sociales?

La llamada “cofradía” de los periodistas mermeleros de Odebrecht, en efecto, es la cascara de algo mayor que se descascara como placas de óxido bajo el extraño arcoiris que protegió al sol de Lima el pasado día jueves.

La noche de los cuchillos largos dio largas y guillotinó esta semana a parte de la cofradía de periodistas asalariados de Odebrecht, siendo notable el grupo RPP, el que acorde al desprestigio de algunos de sus “talentos”, desplegó el sablazo con cierta clase: entregando una pistola con una sola bala a Raúl Vargas, a ver que hace con esta, conocido por acompañar al borrachín de Cabana en su viaje a los tres continentes, hacer libros por cifras obscenas ¡de cocina! -¿financiados por Odebrecht para nunca criticarlo?- prestando su imagen señorial e intacta de mácula para propagandizar a las AFP que metían el dinero de los jubilados en instrumentos financieros de operaciones fraudulentas como las de la empresa Graña & Montero, cómplice de Odebrecht, y cuyo CEO cayó por orden de sus accionistas en Wall Street.

¿Es que no lo veía? Mmm. La ceguera inducida me recuerda a cierto periodista liberal que nunca se peleó con nadie, probablemente por asuntos de filosofía utilitaria a lo John Locke, y más allá de su silencio en días de Montesinos, se prestó -vía una empresa de comunicaciones española- a anunciar con su imagen ganada la incursión en nuestro país de la empresa norteamericana Pure Biofuels anunciando en una gran fiesta en los muelles del Callao: la construcción de una planta de biodiesel que nunca se hizo y que resultó una estafa para miles de norteamericanos que confiaron su dinero en el fondo de inversión que la financiaba, nada menos, que un hombre que acabó siendo el actual Presidente de la República.

Planta de Pure Biofuels inaugurada en el Callao en 2008. Negocio acabó envuelto en serias denuncias

Claro que aquí no se habla nada de esos juicios que le entablaron a tal empresa los pobres norteamericanos y que seguramente odiando a los latinos votaron por Trump.

La cofradía tuvo otra baja silenciosa, el inteligente periodista Enrique Castillo, al parecer fuera del aire desde hace unos días, demasiado amigo de la familia Odebrecht, empresa tan afín al apellido Baella y tan dadivosa en hacer concursos de periodismo y contratar jurados -me presumo a sueldo- como Raúl Vargas, Hugo Guerra o Úrsula Freundt-Thorne, y otras personas en quienes creo de su honestidad, pero absolutamente ajenas a ver lo feo de las cosas. ¡Pero vamos, crucemos las fronteras de San Isidro y veamos que hay al este del paraíso!

Concursos de Odebrecht como “Peruanos Construyendo Futuro”, con jurados bien pagados, fiesta en el Swiss Hotel, edición de table books millonarios, convocaron a periodistas libres para entregar premios liliputenses, o menos que eso, porque esos periodistas no les servían para sus objetivos y solo escribían historias “bonitas”, mientras que los Álvarez Rodrich o Ucedas del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) recompensados con concursos millonarios premiaban a periodistas afines a ellos. ¿Será que era para callarlos? Nunca supe cuánto iba para la organización y jurado del concurso ni cuanto para los periodistas.

Conocida ONG de “periodistas” quedó liquidada a raíz de escándalo Odebrecht

Me entero que otra baja fue el periodista culinario Pedro Tenorio, quien no va más en el noticiero matinal de Latina, para ser reemplazado por Magaly Medina, magnifica periodista que quiere hacer prensa espectacular, no aburrida como la del que ya saben de esa ONG, y quien solo ha pedido algo, que no le cierren la boca, como parece que será.

¿Qué el periodismo debe ser objetivo? Y claro, pero quizás pocos saben que en países como Alemania el fin del periodismo es entretener con contenidos interesantes, objetivos claro está, a personas atravesadas por la rutina.

Me indican que la señora Rosa María Palacios salió de viaje y que habría roto la silla de playa -broma- al enterarse de la incursión de Aldo Mariátegui como nuevo gurú de RPP. El sí ha hablado de cosas que otros no. De un abogadín medio trucho, Juan Monroy, cuyo nombre ya está hasta en las lentejas del mercadillo.

Abogada puso el grito en el cielo ante cambios en RPP y nadie le hizo caso. ¿El fin de una era?

Muchos están en silencio. Quizás el de la periodista Del Río sea el más estruendoso. Pero ese tenebroso silencio ocasionado por Alditus es a la vez un silencio cómplice y al mismo delator. O hablamos de “lluvia de millones”.

La hora fatal parece haber llegado inclusive para los que solían juzgar sin fundamento, con la cabeza baja, como cumpliendo órdenes. Así lo acusó -en el programa de Butters- la nada santa Laura Bozzo al recordar a Montesinos y la obsecuencia que despertaba de la impoluta Sol Carreño, quien años después aparecía de jueza en un programa donde sus reportajes -según parece, oportunamente financiados por interesados- liquidaban a alcaldes de provincias millonarias, según pudimos ver por encargo de proveedores que no podían colocar sus productos sobrevaluados entre las compras municipales.

Tractores, fierro, cemento, lo que sea. ¿Conocía ella que esos proveedores anunciaban que llegada de la prensa contratada desde Lima para ensuciar al alcalde que no se dejaba romper la mano? Yo mismo escuché cuando alistaban el hotel para los “periodistas de Lima” en Quillabamba. ¿Sabía que estos alcaldes acuchillados eran perseguidos y luego en su lugar entraban pillos que se levantaron en peso millones con compras de objetos sobrevaluados, y que sus medios fueron la pieza fundamental para abrir la puerta a ladrones?

Es así que, con el rostro hostil y agrio el gesto, muchos periodistas miramos la mentira diaria, desembozada y segura, opinando en solitario desde donde pudimos.

Recordando a Raúl Villarán Pasquel

Pero más allá del destino que puedan tomar estos “soldados” de las empresas, periodistas con mandiles -delantales en las frejoladas de Vargas- que nunca usarían los periodistas de verdad, me pregunto si habrían aguantado más de diez minutos la presión de un Raúl Villarán o Guillermo Thorndike, animales instintivos del oficio, desesperados por el mal titular o levantada mediocre que le presentaste, y que te acusaban: “¿es que te tropiezas en tus pelotas, cuando hiciste un gran destape que pudo ser mil veces mejor?”

No, de esos ya no hay. Ellos no se habrían limitado como un tal Gargurevich a hacer una historia del periodismo de fuste para ningunear su genio y decir que el periodismo de hoy es mejor que el de antes, me pregunto por qué no participó de ese periodismo de hombres duros y talentosos, como Alfonso Tealdo, Alfonso Grados Bertorini, Lucho Loli o mi padre, Gerardo Calderón, que podían poner a un Juan Gonzalo Rose a hacer policiales, porque alucinaba ser Raymond Chandler, y no dejarlo como un “mesa de partes” de Velasco.

El maestro del periodismo, Alfonso Tealdo

Los que decían la verdad fuimos injustamente acusados de fujimoristas, mafiosos, sabotedores de la democracia, cosa que siempre nos dio risa.

Pero quizás sea bueno que los pobres chicos estudiantes de periodismo ganen algo de esto. Que sepan que todo lo que estos les enseñaron era mentira e instalemos a otras figuras, además del Kapuscinski o del “Nuevo Periodismo”, como el gran escritor y periodista desterrado de las aulas de enseñanza de periodismo, Curzio Malaparte, cuyas lecciones vale la pena leer como en “El Volga nace en Europa”, pues recuerda lo que vimos en “la Cofradía”, esa verdad increíble que otros mintieron para favorecer a un partido, para ganar un cargo, para ser ministros del ministerio que termina espiando a otros.

El italiano Curzio Malaparte, rememorado por el autor de esta nota

¿Periodistas de ministros del Interior? ¿Por qué esta obsesión por ser un policía? Está sabido que el policía rivaliza con el periodista porque le arruina sus secretos, sus casos, demoliendo verdades, a veces para proteger a pillos como Toledo. ¿No fue un periodista ministro del Interior de Toledo? ¿No era el hoy ministro Basombrío antes defensor del lector de El Comercio? Curzio Malaparte nos da una lección de verdad verdadera. Pero vamos a Malaparte.

“Cuando en junio de 1941, al inicio de la guerra alemana contra la Rusia Soviética, comenzaron a aparecer en el Corriere della Sera mis noticias del frente ucraniano, suscitaron en el publico italiano un inmenso estupor. Casi un escándalo. Ampliamente repetidas por la prensa inglesa, americana, suiza, escandinava, fueron acogidas por la opinión pública internacional como el único documento objetivo, el único testimonio imparcial que juzgaba los campos de batalla soviéticos. A muchísimos les parece, aún en Italia, que mis observaciones y mis consideraciones nacieron, no ya de un honesto y valiente propósito de decir la verdad, sino de una particular simpatía mía por la Rusia comunista, y por lo tanto de una parcial y arbitraria visión de los acontecimientos. Del hecho que yo escribiese en absoluto contraste con todo aquello que se pensaba y escribía en aquellos días en los periódicos italianos, sobre la facilidad y brevedad de la guerra contra Rusia, y de que mis noticias fueran en abierta contradicción con las noticias de todos los otros enviados especiales del mismo Corriere della Sera muchos lectores llegaron a la conclusión de que yo estuviese animado por un espíritu parcial, y numerosos fueron los que me denunciaron como ‘destructor’, invocando a grandes voces mi inmediato retiro del frente ruso, así como mi arresto. Hoy todos están en posibilidad de darse cuenta de que yo veía claro, y que mi atacada simpatía por la Rusia comunista no era más que una inteligencia objetiva, como había declarado el mismo (Palmiro) Togliatti cuando, el día de Pascua de 1944, vino a mi casa a felicitarme por aquellas noticias que mandé”.

Excelente crónica hoy casi olvidada en facultades de periodismo

Si la inteligencia objetiva era un delito en aquellos tiempos, lo mismo pasó en el Perú. No se sabe qué pasará mañana. Lo que sí es que la verdad encubierta deja un mar de dudas sobre todos los contratos firmados por los gobiernos, los cuales siempre fueron en contra de los intereses peruanos, aunque sí a favor de los lobbistas y de los bolsillos de los periodistas bovinos, lanares, amandilados, anfóteros, prensa caviar o cófrade, que importa, la que en términos prácticos fue lo mismo por su incapacidad de amar al otro, que no hizo nada para que le agujereen su mente de omisiones, de mentiras.

Porque la gente merece la verdad y no lo que le introyectaron desde un micrófono, mientras escuchaba indefenso, colgado de una baranda de microbús, o al comenzar el día en el desayuno de casa. Porque quizás no entiendan que lo único llevadero en esta vida es el honor, la buena memoria, como Malaparte, quien nos enseña a los periodistas cómo es eso de ir con la frente en alto sin ser probadamente acusado de cófrade, frejolero o más claro, vulgar mermelero.

 

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11 thoughts on “LA “COFRADÍA” MEDIATICA DE ODEBRECHT COMIENZA A CAERSE A PEDAZOS”

    1. Esperamos los peruanos que aparezcan periodistas con valores morales para educar a la población de que somos realmente un país con futuro y valores.
      Gracias
      James D Fletcher

  1. Interesante y aleccionador artículo, agrada leer y saber que aún hay periodistas haciendo honor a su profesión. Mis respetos al autor .

  2. Me gustó ese análisis informativo. admiro la honestidad del Periodista. seguir informando con esa Verdad Constructiva. Adelante!!

  3. Interesante, ahora falta atar cabos sueltos en los pasillos de la biblioteca nacional, si es que algo nos dejaron luego del autosiniestro. Convendría un simil de “Comisión de la Verdad de la Corrupción”

  4. Buen artículo que pone en su verdadera dimensión y ubicación a los endiosados periodistas que por tener el monopolio del micrófono y las ondas radiales llegaron, como los politicos, a creer que son intocables y los dueños de la verdad. Ha sido generoso con la sutileza de sus destapes habiendo podido ser más crítico e incisivo.

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