A RAÍZ DE UNA INJERENCIA INACEPTABLE

César Alfredo Vignolo
Periodista

Una prensa libre es condición sine qua non para que las sociedades resuelvan sus conflictos, promuevan el bienestar y protejan su libertad. No puede ni debe existir ninguna ley o acto de poder -venga de donde venga- que coarte la libertad de expresión o de prensa, cualquiera sea el medio de comunicación social.

No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa, el ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades, es un derecho inalienable del pueblo.

Toda persona -cualquiera sea su condición- tiene el derecho a buscar y recibir información, expresar opiniones y divulgarlas libremente. Nadie puede restringir o negar estos derechos consagrados en la Constitución Política del Perú y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hacerlo es una ignominia.

La censura previa, el despido arbitrario, la presión de los auspiciadores o del poder político o empresarial, las restricciones a la circulación de los medios de comunicación social o a la divulgación de sus mensajes, la imposición arbitraria de información, la creación de obstáculos al libre flujo informativo y las limitaciones al libre ejercicio y movilización de los periodistas, se oponen directamente a la libertad de prensa, que tiene y debe de imperar en toda sociedad civilizada.

Los medios de comunicación social, los periodistas, así como los que fungen de periodistas no deben ser objeto de discriminaciones o favores en razón de lo que escriban o digan.

La credibilidad de la prensa está ligada al compromiso moral con la verdad, a la búsqueda de precisión, imparcialidad y equidad, y a la clara diferenciación entre los mensajes periodísticos y los comerciales. El logro de estos fines y la observancia de los valores éticos y profesionales no deben ser impuestos. Son responsabilidad exclusiva de periodistas y medios de comunicación social.

Ningún medio de comunicación social o periodista debe ser sancionado por difundir la verdad o formular críticas o denuncias contra el poder político.

La lucha por la libertad de expresión y de prensa, por cualquier medio de comunicación social, no es tarea de un día; es afán permanente. Se trata de una causa esencial para la democracia. No sólo es baluarte y antídoto contra todo abuso de autoridad: es el aliento cívico de una sociedad. Defenderla día a día es honrar nuestra profesión que tanto amamos.

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