Entrevistas

“ESTUDIOS CIENTÍFICOS CONFIRMARON QUE NO HUBO EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES”

Cuando nuestros militares que derrotaron al MRTA en la operación Chavín de Huántar eran acusados de ser simples asesinos, un destacado grupo de abogados los defendió, logrando vencer a las ONG caviares y a familiares de estos terroristas. En la primera parte de una larga entrevista, Gustavo Adrianzén, procurador del Estado en este caso, explica cómo se desmintió totalmente la tesis de ejecuciones extrajudiciales que hasta hoy, sin embargo, repiten con mala intención políticos de izquierda y sectores interesados en desprestigiar el triunfo del Estado peruano sobre el terror.


¿Cómo se logró salvar a los comandos?
Se siente políticamente incorrecto decir algo bueno de Ollanta Humala, pero a inicios del 2012, el entonces presidente manda a llamar a Juan Jiménez, ministro de Justicia, y al agente peruano ante la OEA, Pedro Cateriano. También va el ministro de Defensa, Alberto Otárola, el procurador, que era yo. En Palacio de Gobierno estaba con su asesor jurídico, el doctor Eduardo Roy Gates. Nos dijo: “Pedro, tú te vas a encargar de la defensa internacional. Tú, Gustavo, de la sede nacional. No escatimen recursos, todo lo que requieran lo van a tener”.

¿La estrategia no fue solo legal?
Se inicia una transformación absoluta en lo que significó la defensa. Yo tenía pocos días como procurador, la fase de presentación de pruebas había terminado, y no podía meter los informes de medicina forense que teníamos y que demostraban que no hubo ejecuciones extrajudiciales. Pero los metimos en el expediente con carácter de ilustrativo.

¿Para que luego los jueces no digan que no sabían lo que había pasado realmente?
Exacto. Trajimos a Derrick Pounder, probablemente el forense más famoso en el mundo; a Juan Manuel Cartagena, de Madrid; a especialistas en derecho aplicado a estos casos, e incluso a otros expertos que hicieron el perfil psicológico de “Tito” con los testimonios de todos los rescatados, para demostrar que no correspondía con la figura del rendido.

Lo único bueno de Humala: su voluntad política para defender a los comandos Chavín de Huántar

¿Con eso desmentían el informe de José Pablo Baraybar?
El análisis balístico fue el primero que descartó tiros a corta distancia. ¿Te acuerdas de esa teoría? Como te decía, ya había pasado la etapa de presentación de pruebas en la sala que presidía Carmen Rojjasi. Presentamos estos informes de especialistas con carácter ilustrativo. ¿Con qué finalidad? Ya no podían mirar al costado. En primer lugar, era totalmente falso lo que había dicho Baraybar, de que había habido varias ejecuciones extrajudiciales. Yo entré en el caso cuando ya iban más de 20 audiencias, y empezamos a destapar esto. A eso agregamos la estrategia mediática.

¿Defenderse ante la opinión pública, y no solo dentro de una sala de audiencias?
Nuestro lema era “El monólogo terminó”. ¿Por qué esa frase? Porque durante años solo aparecían en medios de comunicación quienes acusaban a los comandos. Entonces salimos en medios, difundimos los informes. Pasamos de una defensa pasiva a una activa. Presentamos alegatos, y en la audiencia final expusimos casi 5 horas. Descartamos los 3 pilares para acusarlos, que eran el testimonio del japonés Hidetaka Ogura, de los policías y el pseudoinforme de Baraybar.

De Ogura y Baraybar se sabe que eran cercanos a sectores ideológicos afones al MRTA, pero ¿por qué los policías mentirían?
Ya son especulaciones. Lo único que se sabe es que fueron los dos únicos del SIN que se quedaron en los alrededores de la residencia cuando iba a empezar la liberación. Siguieron en actividad, pero eso hace pensar que eran gente de confianza de Montesinos.

Emerretistas estaban armados hasta los dientes y no eran palomitas

Ciertos sectores izquierdistas dicen que nunca acusaron a los comandos, solo acusaron a los del SIN de asesinato, ¿qué tan cierto es eso?
Más de 20 comandos tenían orden de captura. Eso es lo que poco se acuerdan. En las primeras investigaciones que se estaban haciendo, en el fuero militar, se empezó esto. Los comandos se tenían que esconder, andaban a salto de mata, fueron más de 20 comandos en esta situación. Tengo testimonios de ellos donde se tenían que esconder, y tiempo después las órdenes fueron revocadas.

¿Había indicios para tratarlos como delincuentes?
La orden de captura se basaba en tres puntos: el testimonio de Hidetaka Ogura, de dos policías del SIN, y un pseudoinforme forense del tal Juan Pablo Baraybar.

¿Ogura, al que algunos acusan de haber brindado información al MRTA para que sepa cómo tomar la residencia?
El ciudadano Ogura, quien curiosamente luego de muchos años se le ocurrió recordar lo sucedido, porque estuvo calladito en el servicio diplomático japonés.

A veces los diplomáticos están impedidos de hablar…
Se le preguntó por qué no hablaba, y no dio respuesta positiva. Al embajador Morihisa Aoki se le preguntó en el proceso si había dado órdenes expresas para no hablar sobre lo que decía Ogura. Dijo que no. Su declaración consta en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Pedro Cateriano, cuando era agente ante la OEA, tomó esa declaración en el Japón.

Ogura decía que él había visto a “Tito” (Eduardo Cruz Sánchez) vivo y arrestado en el jardín de la residencia. ¿Los otros rehenes que estaban allí dijeron lo mismo?
Es tan falso lo que decía que, en la teleconferencia que se hace en la Tercera Sala Penal, le pregunté: “señor Ogura, ¿cómo puede explicar usted que en el jardín de la Casa Uno, donde se encontraban unos diez o doce ciudadanos japoneses y seis u ocho vocales del Poder Judicial, ninguno dice haber visto eso?, ¿por qué ellos no suscriben lo que dice usted?

Japonés Hidetaka Ogura mantuvo sospechosa cercanía con MRTA

¿Y qué contestó Ogura?
Dijo “yo no sé no le puedo explicar. Yo estoy diciendo la verdad”.

¿O sea, había que creerle a pesar de que los otros que habían estado con él no habían visto a “Tito”?
Era su testimonio contra casi 20, presentes en el mismo jardín de la Casa 1. ¿Crees que pudo dar una explicación? Ahora, mira. Vamos a suponer que los vocales peruanos les tenían bronca a los terroristas y se callaron, los japoneses tampoco respaldan la versión de Ogura.

Tengo entendido que hubo otras contradicciones en ese punto…
Se les perseguía a los comandos en base a la declaración de Ogura, de que mientras se desarrollaba el enfrentamiento, en el segundo piso, cuando lo rescatan, se asoma por el balcón y ve a “Cinthia” (Herma Meléndez Cueva) y a (Víctor Salomón) Peceros rodeados por comandos, y gritaban “¡Nos rendimos, no nos maten!”, y después aparecieron muertos.

Esto se cayó…
Esa declaración fue considerada falsa por la 3ra. Sala, también por la Sala Suprema que presidía César San Martín, y desestimada por la CIDH. En realidad, dos comandos matan a Cinthia y a Peceros en circunstancias que habían evacuado a los rehenes de una habitación, y aparecieron estos terroristas armados. Por su preparación, los comandos reaccionan: dicen “¡Tuco, tuco!” y les disparan antes de que ellos lo hagan.

¿Cómo Ogura pudo asegurar eso si estaba fuera de la habitación, había humo y sonaban explosiones y balazos?
Ogura ya se encontraba fuera, bajando por el balcón, y en el fragor del combate humo, bombas, disparos, ¿cómo pudo ver hacia adentro y cómo pudo escuchar eso? O sea, Ogura es Supermán. Las fotos demuestran que, desde el ángulo en que estaba fuera de la habitación, la pared tapaba su visión del interior, y era el penúltimo rehén en salir. El que salió último, y estaba más cerca a lo que pasó, dice que no vio nada de rendiciones porque todo estaba con humo.

Así se desbarató falsa versión de testigo Ogura

¿Si se probó que Ogura había mentido respecto al segundo piso, cómo le creyeron respecto al jardín con “Tito”?
Es lo que siempre pregunté a la sala. ¿Cómo es posible creer lo que dijo Ogura respecto al jardín de la Casa 1 pero desacreditan lo que dijo del segundo piso? O un testigo dice la verdad, o un testigo miente. Ese solo hecho lo desacredita totalmente.

Quedaba lo dicho por los policías, de que entregaron vivo a “Tito”…
Es el testimonio de dos policías Raúl Robles Reynoso y Marcial Torres Arteaga. En el argot de ellos, eran “pinches” recién graduados, y entraron en el SIN. Tres días antes del asalto, retiran a todo el personal que estaba en las casas aledañas a la residencia, pero adivina a quiénes se dejó.

¿A ellos dos? ¿Por qué razones?
Tú solo lo dejas al de tu mayor confianza. Es como cuando formas un equipo de fulbito, eliges a los mejores. A la sazón, después manifiestan que en el jardín de la Casa 1, ellos toman a “Tito”, llaman a su jefe, y su jefe les dice “voy a enviar a un comando a que lo recoja”. Luego salen con que un comando se lo lleva a “Tito” y luego aparece muerto.

Quedaba pendiente saber cómo muere “Tito”…
Para eso fabrican el pseudoinforme de José Pablo Baraybar. Pretendió ignorar que todos los terroristas habían dado positivo a la prueba de absorción atómica. Es decir, todos habían disparado. Tenían impactos de bala en diferentes partes y ángulos del cuerpo.

Recuerdo que hace un tiempo, el Colegio de Antropólogos denunció a Baraybar por ejercicio ilegal de la profesión. Salió un titular en EXPRESO sobre “falso forense”
Era bamba. No solamente no era antropólogo ni forense, era un bachiller en Arqueología que se daba ínfulas en ponerse como un sabelotodo. En su presunto informe de medicina forense desde el primer momento vimos incoherencias. Esos eran los principales bastiones que derrumbamos, lo de Ogura, lo de los policías, y lo de Baraybar.

Charlatán era el principal acusador de los comandos y sus investigaciones fueron hechas trizas

¿Entonces, se acusaba directamente a los comandos o no?
Claro, si la acusación era que el terrorista estaba rodeado por comandos, se lo entregaron a un comando, y el informe hablaba de varias ejecuciones extrajudiciales en cabeza, nuca e inmovilizados. Ninguno de los cargos hablaba de los gallinazos.

¿Solo comandos?
Tampoco decía Nicolás de Bari Hermoza, Vladimiro Montesinos, Huamán o Zamudio. Todos los cargos le echaban la culpa a los comandos. Por eso los defendíamos. En la Procuradoría qué nos importaba si le daban 25 años más a Montesinos, si ya tenía una pena similar, y no se iba a sumar.

Ya me explicó las incongruencias en lo que decían Ogura y los policías, ¿cuáles eran las de Baraybar?
La necropsia balística. Encontramos que el cadáver de Tito tenía 4 impactos. Uno que se hace él mismo cuando ingresa en la residencia y se le dispara su propia arma. El segundo es el famoso “polo verde”, que tenía orificio de bala a la altura de la nuca, pero sin haber comprometido tejido óseo (huesos), lo cual descarta tiro fatal. Eso no se puso en la necropsia del 97, la 3ra Sala dispuso una diligencia al polo. Yo estuve allí. Si hubieran sido disparos de ejecución, quedaban restos de polvo metálico en el polo, como chamuscado, y no lo está.

Me habló de 4 disparos, ¿cuáles eran los otros?
El tercer era un orificio de entrada de bala por el subauricular izquierdo, con salida por el parietal derecho. Eso afectó el cerebro y lo mató instantáneamente, coincidieron Pounder y Cartagena. Acá tampoco había residuos de tiro a bocajarro, además que el ángulo era de abajo hacia arriba.

¿Y el cuarto disparo?
Eso lo detecta Cartagena en las radiografías. Lo llevaron a un forense emérito de Estados Unidos. Un médico emérito es el non plus ultra a nivel mundial, y él concluyó que correspondía a metal. Esto demostraba que a “Tito” nunca lo habían puesto de rodillas e inmovilizado para ejecutarlo con un tiro de atrás hacia adelante. Todos los terroristas presentaban diversos impactos de bala desde diversos ángulos. Los estudios científicos demostraron que no hubo ejecuciones extrajudiciales en ningún caso.

Pruebas de balística terminaron por echar tierra al mito de las “ejecuciones extrajudiciales”

Ustedes tuvieron que exhumar los cadáveres…
Así lo hicimos en el 2012, para refutar lo dicho por Baraybar en un informe que no era peritaje, y que había sido contratado años antes por el Ministerio Público.

Pero el Ministerio Público tiene forenses que podían hacer ese trabajo, ¿por qué contrataron a esta ONG?
Es muy simpático eso. En ese entonces, el fiscal de la Nación, José Peláez Bardales le da todo el apoyo al informe Baraybar. Con eso te digo todo. Es un buen punto que deberían aclarar. Tal vez fue por presión de los que defendían a los familiares de delincuentes terroristas, que le pagaron a este señor sin ningún mérito académico.

Cuando Expreso reveló la denuncia de ejercicio ilegal de la profesión, Baraybar me dijo que la CIDH no tenía esos requerimientos legales para validar su informe…
Eso es una media verdad. La CIDH no lo exigía, pero el informe lo presentó acá, en sede nacional, lo cual da un aspecto interesante a cómo el fiscal de la Nación le da crédito a alguien que se presentaba falsamente como antropólogo forense. Por eso fue que tantas veces lo impugnamos.

¿Cómo había sustentado Aprodeh su acusación?
Ellos representaban a las familias de Tito y de Peceros, con Gisela Astocóndor y Gloria Cano. Los de Cynthya no tenían abogado, pero estaba el fiscal a cargo.

Entonces, ¿pasaron de decir que los comandos mataron salvajemente, para luego decir que eran tres, y al final solo uno?
Todo el mundo es consciente que Tito no murió de tiro a bocajarro. Lo que se fue esclareciendo fueron las circunstancias de la muerte. Tenía una granada en mano que lo hacía objetivo militar. Cano y Astocóndor nos acusaron de haberla sembrado, pero la mano del delincuente terrorista se queda como si la estuviera agarrando porque adquiere una rigidez cadavérica por la muerte súbita violenta. La ciencia las desmintió.

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