HUMALA, UN APELLIDO INDIGNO

Por José Calderón
Periodista

Conocí a Isaac Humala de manera casual cuando Luis Felipe Angell -Sofocleto- lo contrató como abogado para no pagarnos ni un centavo. De un día a otro Luis Felipe cerró el diario en el que trabajaba, “La Mañana”, y me imagino que pensó: “¿Por qué tener que pagar a esos chicos sus indemnizaciones si es posible evitarlo?” Solo necesitaba un pillo que le ayudara a hacerlo. Ese pillo era Isaac Humala.

La verdad es que “Sofo” ya no tenía más dinero para el diario, que era una locura, y había intentado que Montesinos o Ricardo Belmont se banquen el gasto. Al parecer Belmont, a la sazón alcalde de Lima, le cerró el caño.

En ese tiempo, la prensa ya había encontrado un mejor modo de vida que vender diarios. Prostituirse y picar al Estado.

Pero “Sofo” cometió el error de pelearse con Fujimori en un vuelo al cual fue invitado y perdió todo. Fue en uno de esos viajes a Nueva York. Luis Felipe fue enviado atrás con las “geishas” y, según parece, no tenia mucha opción de hablar con el entonces mandatario.

Le pareció muy vulgar el trato que el chino le estaba dando, así que abandonó la comitiva y se mudó con su dinero al Waldorf Astoria Hotel. Volvió por su cuenta, no sin olvidarse de abominar del jefe de Estado en su columna.

Entonces comenzaron los problemas económicos en el diario, al extremo de tener que buscar un vulgar deshollinador como el abogado Humala para resolver sus problemas.

“Sofocleto”, primer enlace entre nuestro columnista y los Humala 

Humala era un abogadín de quinta, como se puede ver, pero seguramente era entretenido escucharle sus tonterías acerca de su ascendencia inca, Huayna Cápac, un jerarca que además de ser un ambicioso absoluto dejó a un imperio dividido entre sus hijos Huáscar y Atahualpa.

Me imagino que Luis Felipe despreciaba a Isaac, pero aún así lo necesitaba, como quien necesita un desarmador o a veces papel higiénico, y ya me imagino cómo habría sido esa conversación entre ambos para impedir que sus exempleados le puedan embargar -era paranoico Sofo y temía a los afiladores de cuchillos- alguno de los departamentos de su nuevo edificio en la avenida Pardo.

– Mira, no hay más para seguir en el proyecto periodístico “La Mañana”, pero no quiero que me desplumen los chicos que allí trabajan. Por cojudo los he puesto en planilla y esas cosas.

Entonces Isaac, que fumaba siempre sus Malboro, habría aconsejado a Luis Felipe cómo librarse de cualquier responsabilidad.

Al llegar al diario, en el malecón Cisneros, encontramos la puerta cerrada y un letrero orientándonos a ir a la oficina de un tal Isaac Humala, donde nos informarían acerca del cierre.

“…con ojeras más pronunciadas y una neblina en sus ojos acanallados…”

Llegamos. Y allí estaba Humala. Su aspecto era de un tipo torvo, de uñas amarillas, demasiado crecidas y limadas, con cierto parecido a Gárgamel, pero con ojeras más pronunciadas y una neblina en sus ojos acanallados. Recuerdo que nos recibió en una oficina de piso sin lustrar cuya atmósfera olía a baño de estadio. Ese es el verdadero Isaac Humala.

La oficina quedaba en un pasaje muy sucio y de pistas agrietadas en pleno centro de Lima, muy cerca a precarizadas escuelas para pedicuristas y peluqueros. La usaba como domicilio fiscal de las empresas sinvergüenzas.

Isaac estaba con un traje grueso. Su actitud denotaba desprecio, aunque en el fondo era defensiva. Fue determinante en sus palabras como un cachafaz que te dice las cosas claras. “No se les dará nada porque la empresa ha quebrado…” Algo así nos dijo. Nos dejó un mal sabor en la lengua. Era un surtidor de amoniaco.

Tiempo después, cuando trabajaba en otro medio, el etnocacerismo ya existía. Fui a entrevistar al hijo de Isaac, Antauro, quien me resultó agradable.

Era maleable a mis preguntas, no se molestaba, a todas luces díscolo. Me dijo que le gustaba “Pink Floyd”, y que no encontraba esta música antagónica a su etnocacerismo. No iba a escuchar el Ummagumma ni a Floyd de cuando estaba bajo la égida de Syd Barrett, claro. Era más básico. Mencionó el clásico y monotema que es a lo que llega cualquier iniciado en rock: “Another brick in the Wall”.

Antauro Humala pasó del “Andahuaylazo” a la cárcel

Tenía delirio de grandeza y no disentía con Hitler. Me tomé confianza y hablamos de todo. Era un payaso. Vi una chicharra apagada en un cenicero.

Tiempo más tarde, cuando sucedía el sabotaje a la operación minera de Tambogrande, me comuniqué con la empresa Manhattan Mineral Corp, en Ottawa. Al día siguiente me llegó un boleto de avión a mi casa. “Vea usted por sí mismo”, era el mensaje.

Viajé a Piura de incógnito. Cuando llegué a Tambogrande visité al revoltoso principal. Este me recibió con mucho apetito de que le saque algo en los medios. Entonces alguien tocó la puerta con “un mensaje del comandante Ollanta Humala”. Era para coordinaciones. Estaba apoyando el sabotaje a la minera. Tenía la prueba de que era un tipo que en plena lucha contra el terrorismo, ya que era más o menos 1996, Humala jugaba al sabotaje de las inversiones.

No quiero decir que el contrato con la minera sea del todo limpio. Solo que Humala estaba trabajando a sabotear al país. El proyecto Tambogrande nunca prosperó y los revoltosos se convirtieron mineros informales que envenenaron todas esas tierras ricas en limones con mercurio y cianuro. Humala es el responsable. También es un criminal ambiental.

La siguiente vez supe del levantamiento de Locumba, y al fragor de los sucesos fui a la casa de los Humala, en Monterrico, que no era nada mesocrática como podría imaginarme de un líder de los pobres. Abundaba en lujos y artesanías costosas. Estaban todos los Humala, el Partenón inca en pleno, allí en la sala compartiendo mates. Pero Isaac, como si se tratara de un ser poseído por la Historia, cavilaba, miraba las paredes, ostentaba orgullo por la fechoría que creía un invento de sus dos hijos. Pues ¿Quien sabe la rebelión en Moquegua de ambos hermanos no fue asunto de Montesinos? Otra vez, vientos de libertad de sur a norte. Otra vez lo mismo que hacen todos.

Ollanta y Antauro, en esa farsa llamaba “Locumbazo”

Un poco de tiempo después busqué a Isaac. Lo entrevisté. Le dejé ser. Y en una nota lo destrocé al punto que herido e indignado llamó al diario y el buen Ismael Pinto me preguntó por qué lo había puesto como un demente a Isaac, quien al parecer era un gracioso miembro de la asociación de padres de familia del colegio Franco-Peruano. Y pensé: mmm, la conexión en Francia.

Humala padre me había dicho en la entrevista que su familia venía directamente de la línea dinástica de los incas, particularmente de Huayna Cápac, y que era inevitable el retorno de los atavismos al Perú. Entonces le describí mirando el humo, como esos enemigos de los buenos en las películas de superhéroes que enceguecidos por la ambición crean una máquina para conquistar el mundo, sin imaginarme que su hijo llegaría a la presidencia.

Sospecho que en algún laboratorio social encontraron a Humala interesante para utilizarlo contra el fujimorismo, y usaron la locura del viejo Isaac para ello. Así es el mundo.

Al poco tiempo, ya en el gobierno del pedazo de mugre llamado Alejando Toledo, Javier Pérez de Cuéllar le salvó el pescuezo a Ollanta Humala y lo llevó de agregado militar en la embajada de Perú en Francia, donde Nadine y Verónica Mendoza paraban hueveando.

Justamente si había un enemigo de Fujimori era Francia, porque no le permitió explotar oro en el Perú. Tampoco le permitió meter a la empresa Elf en la explotación de Camisea.

Siempre me parecieron los Humala una cáscara que alguien utilizó, como se suele usar a esos títeres como gobernantes en países africanos.

Siempre me parecieron impresionantes las grietas de ese sucio pasaje donde quedaba la hedionda oficina de ese demente llamado Isaac Humala.

La familia en pleno durante los años de la Escuela Militar (FOTO: Caretas)

Siempre supe que Isaac no tenía ni un poco de honor o dignidad, pues era bien bajo ser el mozo de empresas estafadoras. Isacc arruinó a sus hijos haciéndoles creer lo que no eran. Nunca me pareció extraño que esta “Lady Macbeth” de básico hablar, Nadine, arruinara el sueño del último descendiente de Huayna Cápac.

Supongo que su sangre despreciable aún arde y gangrena ante el insoportable deshonor, el mismo que es proporcionado por el gran poder de la verdad cuya sentencia es la misma que reciben todos esos pillos latinoamericanos, la misma que no prescribe ni prescribirá como velasquista, comunista, como otro pedazo de mugre que explica el paisito que es este Perú donde no quedó, efectivamente, nada de sus días imperiales.

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7 thoughts on “HUMALA, UN APELLIDO INDIGNO”

  1. Muy buena descripción de esa pandilla de tipejos “Humala”. Alguna vez me encontré con el padre en el Club El Bosque de Chosica y efectivamente por su facha y mirada se veía a un anciano con problemas mentales. Cada palabra que dice revela solo incoherencias . Felicitaciones a este periodista .

  2. Realmente no veo que se le deba festejar al autor de esta ingrata manifestacion de características mas de una singular orientación de critica, que un notorio racismo y burla propia de los que se suben siempre en foma cobarde sobre e l árbol caido para quisas satisfacer sus frustradas emociones que no encientraa en la sociedades normales

  3. Isaac…no habia violado a una menor de edad,que era su empleada en Ayacucho,?? Que sera de aquella y el fruto de aquella violacion..??

  4. TRES APELLIDOS SUCIOS, ASQUEROSOS, INSERVIBLES, CORRUPTOS, SEMEJANTES AL ESTIÉRCOL, LADRONES, Y ESOS 3 GOBERNARON EL PERÚ, SUS APELLIDOS: FUJIMORI, TOLEDO, HUMALA. q pena para el pueblo peruano.

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