Opinión

¡ALERTA ROJA EN EL VRAEM!

Nuestro columnista invitado, el coronel EP Oswaldo Zapata, revela descoordinación entre Policía Nacional, Fuerza Aérea, Marina de Guerra y Ejército peruano en convulsionada zona

Oswaldo Zapata, coronel EP y doctor en Desarrollo y Seguridad Estratégica

Desde hace algunos años, la orientación de la concepción estratégica del CCFFAA ha planteado la existencia de un vínculo entre el terrorismo y el narcotráfico, de manera que sí es justificable su participación en las Operaciones de Interdicción contra el TID.

Los protagonismos de las instituciones vinculadas con la Seguridad y Defensa Nacional siempre han sido un gran obstáculo en la implementación de “estrategias nacionales”. A esto hay que sumar la falta de liderazgo y autoridad para articular las competencias de todos los actores estatales, los cuales solo ha alcanzado medianos éxitos.

Al Ministerio de Defensa solo le otorgan tareas secundarias de apoyo en seguridad e interdicción, y una tarea principal que representa la tarea sustantiva de su accionar en el VRAEM: la Desactivación de Remanentes de la Organización Terrorista Sendero Luminoso. Entonces, ¿el Comando Especial VRAEM, combate delincuentes terroristas (DDTT) o delincuentes narcoterroristas (DDNNTT)?

Lo cierto es que el CE-VRAEM presenta deficiencias estratégicas operacionales y tácticas; el Estado Mayor Conjunto del CE – VRAEM, no tiene una clara definición de los objetivos estratégicos por alcanzar en materia de terrorismo (remanentes de OT- SL) y narcotráfico.

Es esencial proponer alternativas a ciudadanos de la zona

Tampoco el CCFFAA ha fijado si el Comando de Inteligencia y Operaciones Especiales Conjuntas (CIOEC) se hará cargo de los Objetivos de alto valor (BAV) o si el CE-VRAEM, se hará cargo de los objetivos de mediano valor (BMV) y menos se han determinado los plazos para lograrlo, es decir no hay metas por alcanzar.

Por otro lado, en el nivel CE-VRAEM no se toman decisiones, ni se adoptan acciones concretas en la ejecución de Operaciones y Acciones Militares Conjuntas. Inteligencia y Operaciones no articulan esfuerzos en forma sistémica, y hay dificultades para cumplir la misión asignada en relación a las directivas correspondientes.

En Inteligencia no existe un procedimiento de coordinación adecuado entre el C-2 (Sección de Inteligencia del CE-VRAEM), los Órganos de Inteligencia (Unidades de Inteligencia) de Ejército, Marina y Fuerza Aérea  y las Secciones de Inteligencia (G-2) de las Brigadas (componentes terrestre, naval y aéreo del CE- VRAEM.

Esta deficiencia/vulnerabilidad asegura un producto de Inteligencia de baja calidad, por la misma razón que el “Ciclo de Producción de Inteligencia” tiene características no propias para este tipo de operaciones (descentralizado y desarticulado). Así se toman decisiones en el CE-VRAEM.

Policía hace labor diferenciada, pero que debe ser coordinada

El sistema no trabaja como sistema, cada órgano de inteligencia (DINI, EP, MGP, FAP, Etc.) trabaja el ciclo de producción de inteligencia  en forma independiente y solo busca obtener el papel estelar en este entramado de responsabilidades y logros independientes.

En Operaciones, las brigadas están actuando en forma independiente y se limitan a informar lo que hacen al C-3 (Sección Operaciones) del CE-VRAEM. Estas actúan por su cuenta, tomando como base información “no confiable” de sus propios colaboradores locales.

Si bien el CCFFAA ha concebido que el Componente de Fuerzas Especiales asignado para el CE-VRAEM, debería estar conformado por dieciocho (18) patrullas de FFEE (03 de la Marina de Guerra, 03 de la Fuerza Aérea, y 12 del Ejército Peruano), esto no se ha cumplido, e inclusive estarían integradas por personal no calificado para el Componente de Fuerzas Especiales. En lo que respecta al entrenamiento de este componente, es limitado, solo cuentan con un solo polígono de tiro para todos los integrantes de esta fuerza y no cuentan con material de clase V (munición) para sostener el período de entrenamiento (4 meses) esto es inaceptable.

En el plano estratégico operacional se evidencia una concentración inadecuada de fuerzas en Pichari (debería construirse un fuerte), situación que pone en peligro el efecto militar deseado sobre el enemigo. Asimismo, en el plano táctico no se evidencia un alineamiento entre el Concepto de la Operación del CE-VRAEM y el Concepto de la Operación de sus componentes, amén de las limitaciones tecnológicas en comunicaciones.

Ministro de Defensa podría gestionar una mejor articulación de fuerzas

En lo que respecta al Componente Aéreo, hay dificultades para conformarlo. Los encargados de la ejecución de las operaciones del CE-VRAEM, piensan que en el caso del EP, este debe mantener la asignación de por lo menos seis (06) helicópteros MI-171SH o MI-171SHP con sus respectivas tripulaciones y seguros de aviación contra todo riesgo. En el caso de la FAP, mientras en el papel se dispone asignar seis helicópteros MI-171SH o MI-171SHP, en la realidad operacional solo acuden cuatro con tres tripulaciones.

En cuanto al Componente Naval del CE-VRAEM, sabemos que para ejercer las tareas de “Control Fluvial” en los ríos navegables y afluentes en la zona del VRAEM, se debe ceñir a las disposiciones y normativas de la Autoridad Marítima Nacional, la Dirección General de Capitanías y Guardacostas (DICAPI/Órgano de Línea de Marina de Guerra.

El ministro de Defensa, José Huerta, tiene una gran responsabilidad si quiere obtener resultados exitosos y una de sus tareas prioritarias será poner orden en el CE-VRAEM. Diez años de inacción y de fútiles resultados en el VRAEM son demasiado y el país exige un cambio en la estrategia de pacificación.

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