Opinión

¿Y CÓMO ES LA NUEZ?

“Yo te investigo, tú me investigas, ellos nos investigan, nosotros nos investigamos”, cuestiona nuestro columnista Oswaldo Zapata, respecto a la actual situación de la política peruana.

Los últimos acontecimientos respecto al Poder Judicial, Ministerio Público y Consejo Nacional de la Magistratura, nos sugieren que en el Perú han existido y existen organizaciones criminales clandestinas de conformación pública (nivel nacional, regional y local), privada y mixta.

En los noventa el Perú entero fue sometido a una gran organización criminal de naturaleza pública, la división de poderes fue alterada discrecionalmente y asociada con fines criminales y de permanencia en el poder. Queda claro que, si el ex presidente Alberto Fujimori no hubiera renunciado en el 2000, o no hubiera salido a la luz el video Kuori–Montesinos en setiembre de ese año, nos hubiera gobernado una década más.

¿En qué momento se jodió el Perú por enésima vez? Denis Sulmont, en “La Esperanza Jodida de los Pobres”, compara a nuestro país con el sexo de una prostituta diciendo: “El Perú siempre ha sido violado, ultrajado y destrozado”.

Desde 1980 hasta la fecha hemos tratado de reconstruir y refundar el Perú, su sociedad, sus partidos políticos o clubes políticos a cargo de caudillos vitalicios y liderazgos naturales ridículos, hemos tratado de mejorar la educación, la administración pública, la calidad de los servicios públicos y bloquear la corrupción pública, privada y mixta, pero no lo hemos conseguido. Los poderes y las instituciones públicas bajo el liderazgo de falsos valores fracasaron y se encargaron de joder al país por enésima vez.

Han pasado 38 años desde que emprendimos ese vuelo democrático para alcanzar una verdadera justicia social y no ha pasado nada. Si bien los peruanos de hoy, somos un tanto más despiertos, menos cojudos y hemos adquirido una mayor participación cívica y política en la marcha del país, nos falta tremendamente ser más reaccionarios, más fiscalizadores con nuestras autoridades y un poquito de pólvora en nuestras actitudes nos ayudaría mucho. Nuestros gobernantes lo pensarían dos veces, antes de seguir jodiendo a nuestro amado Perú.

Hoy día están en el brasero de la vergüenza un poder del Estado y dos organismos constitucionales autónomos. El que administra justicia, los que protegen la legalidad y quienes los nombran.

Este 29 de agosto, el fiscal supremo Pablo Sánchez presentó una denuncia constitucional contra un juez cupremo y cuatro consejeros, pero cuando era el fiscal de la Nación se hacía el desentendido con muchas investigaciones. Entre ellas, la de Bruno “Cómo es la nuez” Giuffra, en tanto el actual fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, más bien ha mostrado la voluntad de hacerlo.

Por otro, lado un informe fiscal incluye como presuntos integrantes de “Los Cuellos Blancos del Puerto” al mismísimo Chávarry y a supremos Tomás Gálvez y Víctor Rodríguez Monteza; al renunciante presidente de la Corte Suprema, Duberlí Rodríguez; y los supremos César Hinostroza, Aldo Figueroa, Martín Hurtado y Ángel Romero; así como al expresidente del CNM Orlando Velásquez, y a los consejeros Guido Aguila, Iván Noguera, Herbert Cubas y Julio Gutiérrez Pebe.

La institucionalidad defecada y el fiscal Pablo Sánchez, no puede investigar al fiscal Chávarry, por razones de jerarquía fiscal, si este no lo autoriza. Todos juegan sus partidos por separado y sin reparo o vergüenza tratan de blindar a más de uno de los miembros de esta organización criminal pública. Se deberían nombrar nuevos fiscales supremos, jueces supremos y consejeros.

Por otro lado, está el tema del conflicto Fujimori/Salaverry versus Vizcarra/Villanueva. El presidente de la República se ha defendido con su frase “no me doblegaré” y que emprenderá las reformas judicial y política a través del referéndum.

Si IDL no hubiera filtrado los ya conocidos audios de la corrupción, con certeza que el presidente Vizcarra no hubiera tenido ni la voluntad ni la decisión de plantear una reforma judicial y política que lo empeñaría en una guerra abierta contra quienes detentan el verdadero poder en el Perú.

Las organizaciones criminales no son informales, están muy bien estructuradas y organizadas, ellas elaboran un planeamiento estratégico, diseñan una visión y establecen objetivos estratégicos de corto, mediano y largo plazo para proteger sus intereses económicos y ejercer el poder. Los “Cuellos Blancos” no deben ser los únicos cuellos y corbatas que ofertan sus actividades ilícitas en el mercado del crimen organizado (narcotráfico, políticos corruptos, jueces y fiscales provinciales corruptos).

¿Qué significado tiene ser la Fuerza Política N°1 del país en 2018 y la trascendencia de ser la “lideresa” de este heterogéneo corporativo político, cuya actuación siempre ha sido desvincular a Fuerza Popular del fujimorismo de la década de la antipolítica y mostrarse como el neofujimorismo?

A pesar que la motivación de los votos que obtuvo en 2016, y que la convirtieron en esa fuerza indiscutible, la misma que demolió a Kuczynski y hoy día intenta hacer lo mismo contra el presidente Vizcarra, han sido  el producto y respuesta al legado de Alberto Fujimori, de ninguna manera al propio.

No existe Keiko ni Kenyi Fujimori sin este pasado. Si insisten en resetear y despreciar al fujimorismo que reorientó la economía del país y le ganó al terrorismo guzmanista y ponerle rocas a la administración Vizcarra, la señora “K” no dejará de ser la eterna candidata.

Las amenazas tienen contra-amenazas, las fortalezas comparten debilidades. El presidente Vizcarra puede hacer que la balanza se incline a su favor si aplica lo que David le hizo a Goliat.

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