CAMPAÑAS POLÍTICAS Y LUCHA ANTICORRUPCIÓN: ¡MANAN PAPAY!

Mientras denuncias con fuertes indicios de irregularidades mellan confianza en candidatos, gobernantes siguen mirándose al ombligo, señala nuestra columnista Jenny Zúñiga

Las campañas políticas ingresaron a su etapa semifinal. Ahora mismo asomo por la ventana de mi estudio y veo con admiración como circulan las caravanas: algunos a pie, otros en auto, con globos, con grupito de empleados del alcalde actual, (sin vergüenza alguna). Todos ellos vestidos con los colores de su partido que son los mismos del chaleco del municipio, caminando y coreando lemas para su propio alcalde que va de teniente alcalde a pesar de que la ley obsoleta que aún tenemos de partidos políticos se lo prohíbe.

Los vecinos casi indiferentes ni siquiera abrimos los balcones para verlos pasar, porque sencillamente pensamos que es más de lo mismo. No creemos en ninguno. Lo dicen en las mismas redes sociales, pero lo que es peor, es que van perdiendo credibilidad porque la gente percibe que algo pasa en la ONPE de José Cavassa, que pone congresistas, alcaldes y presidentes regionales en cualquier parte del Perú, como lo ha dicho tímidamente algún minúsculo, pero valiente sector de la prensa online.

Ahora lo más anecdótico es que han empezado a rasgarse las vestiduras diciendo que uno ofrece más que el otro. Acaban de realizar un debate que no ha causado ni cosquillas en el electorado. Otra vez pan y circo, otra vez subiendo los que ya estuvieron antes, pero aderezado con un poco más de mentiras.

Han alumbrado algunos parques después de haberse quedado más de 40 años en el poder de la municipalidad. Entonces, maquillan el parque para ganarse a los vecinos, pero los vecinos que en su mayoría son muy ancianos, ya no les importa. Habían esperado demasiado tiempo.

La pregunta del millón es la siguiente: ¿Por qué ninguno de los candidatos ha enfocado su campaña al tema del combate frontal a la corrupción? Sin duda, es uno de los grandes temas en la agenda pública por su visibilidad, por la frustración que genera en los ciudadanos peruanos, y sus letales efectos en diversas áreas prioritarias para el desarrollo del país.

Maquillando a la corrupción

El Perú ocupa un lugar importante en la Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Pero ese indicador ya no es importante porque en el año 2017 se ha manifestado que los casos de corrupción han disminuido en nuestro país, lo cual es totalmente falso ya que el caso de Odebrecht, nos permite entender en qué lugar real estamos todos los peruanos en la percepción de la corrupción.

Indudablemente, siempre ellos por alguna razón o por favorecer a sus amigos, van a maquillar los datos de esa agencia Transparencia Internacional, que está enviando información falsa al mundo. Somos, de acuerdo a la medición de nuestra propia “realidad”, una nación tan corrupta como Suazilandia, Burkina Faso o Tanzania. Estos referentes globales no distan de la percepción local sobre la corrupción en el Perú, la misma que se mantiene en un nivel alto desde hace 50 años.

La realidad es que el problema avanza y se profundiza. A pesar de ello, dentro de las campañas electorales, el tema ha sido el gran elefante del que se prefiere no hablar o hablar muy poco. Alguno de los candidatos quizá se atrevió ya a mencionarlo, pero analizarlo, entenderlo, confrontarlo, y ofrecer propuestas para el ámbito municipal, de ninguna manera.

¿Qué se puede ocultar al respecto que no sea ya evidente para todos los peruanos? Los gobiernos y las legislaturas estatales se han encargado de darnos constantemente muestras de lo que son capaces de hacer en este entorno de tolerancia.

Esto es claro para quienes tenemos que asumir la arbitrariedad de las decisiones de congresos y asambleas locales, donde se aprueban cotidianamente resoluciones y acuerdos que pueden beneficiar intereses específicos, particulares y privados.

Lo peor son las últimas resoluciones del presidente Martín Vizcarra, las que nos hace chocar de cara con la realidad de su gobierno indiferente a la clase más pobre del Perú. Los hechos demuestran que tenemos un presidente secuestrado como los de hace 50 años.

Sube al poder a repartir la torta con los de siempre, firma resoluciones e inaugura obras de medio pelo, que son su obligación y que a casi nadie le importa. Debería de preocuparse por las prioridades de fondo más que las mediáticas, para que el día que tenga que salir, seguramente, por incapacidad demostrada, la población no le arroje algunos tubérculos en la cabeza o a su auto por su indiferencia.

Lamentablemente, vemos que el país no cuenta con lo mínimo para enfrentar este problema. La insuficiencia en los mecanismos jurídicos y de sanción a los actos de cohecho dista mucho de tener lo básico para sustentar un proceso penal transparente contra un funcionario o legislador corrupto.

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