PROHIBIR TOROS A NIÑOS MATA LA CULTURA

Nuestra columnista The Pilot considera que proyecto de "Avengers" atenta contra una tradición familiar, como quiere hacer el sector caviar de nuestra política

Hace poco, por este medio se dio a conocer la nefasta noticia de que la congresista “avenger” Estelita Bustíos planteaba un inefable “proyecto de ley” para prohibir a los niños asistir a las corridas de toros, e impedir el entrenamiento a temprana edad si desean ser toreros.

Déjenme decirles que Estelita Bustos está hablando bobadas, planteando una tremenda sandez. ¡Qué mal hace quedar a su bancada! Es evidente que no tiene la mínima noción del desatino que propone.

Para empezar, uno es absolutamente libre de llevar a sus hijos y hermanos menores a los toros si es que ellos están de acuerdo y sienten entusiasmo por asistir. Al fin y al cabo, es total potestad de los padres y apoderados llevar a sus pequeños donde crean conveniente. A nadie más le concierne.

Sin duda, esta parlamentaria no tiene idea de lo que significa la Fiesta Brava en nuestro país, Perú, al igual que Colombia y México, es mayoritariamente taurino. La tauromaquia es, desde varios siglos de historia hispánica hasta nuestros días, una tradición sumamente arraigada, familiar por excelencia.

Columnista considera que tauromaquia es parte de tradición cultural del Perú

Sobre todo, en el interior de nuestro país, en especial en bellos lugares como Cutervo, Celendín, Chota, San Miguel ya que Cajamarca es la provincia más taurina de todo el territorio, donde los ciudadanos esperan durante meses con ansias para que se lleven a cabo las ferias taurinas y así poder compartir hermosos episodios de camaradería, costumbres y unión familiar. También es fuerte en Lambayeque, Arequipa y, por supuesto, Lima.

Jamás he visto a un niño llorando o sufriendo en los toros. Es todo lo contrario. Los he visto jugar, hacer nuevos amigos, sonreír, observar y aprender maravillados (con un brillo indescriptible en sus ojos) acerca del sublime arte taurino, pero sobre todo inmortalizar momentos inolvidables con sus padres y madres, sintiéndose honrados de gozar todos en familia.

Además de contemplar una buena faena, en la plaza se puede disfrutar de un agradable ambiente con excelente gastronomía, shows de caballos de paso, marinera y por supuesto mucha música criolla. La fiesta brava no se limita a Acho, hay que tenerlo claro. Es una fiesta de fervor y júbilo nacional durante todo el año. Tanto así que al anualmente se registran centenares de corridas de toros y novilladas a lo largo del Perú.

Por otro lado, muchos niños en el Perú sueñan con hacerse toreros al crecer y es bien sabido que la mejor edad para comenzar a entrenarse para ese gran anhelo es la infancia y pubertad. De hecho, nuestros jóvenes toreros que hoy son ORGULLO PERUANO y ahora se encuentran cosechando logros en el top mundial de la élite del toreo, se iniciaron y formaron a esa edad, inclusive sé de dos notables casos.

Andrés Roca Rey y Joaquín Galdós, quienes tuvieron que dejar Lima en la pubertad, para viajar al viejo continente y poder así terminar de formarse profesional y competitivamente, radicando hoy en España. Pero lo más conmovedor y admirable es que comenzaron desde muy pequeñitos.

Esto que propone Bustos es una vergüenza para el fujimorismo, que desde sus épocas doradas hasta hoy siempre demostró ser respetuoso con las costumbres categóricas de nuestro país. Frustra el futuro de muchos jóvenes y niños prodigio por venir. Esperemos que este proyecto de ley no llegue a buen puerto.

¿Sirve esta señora al lobby progre? Esa sería la pregunta que debemos hacernos ya que la caviarada, por excelencia, odia a muerte la fiesta brava. Además, el dichoso proyecto está fundamentado en “el comité de los derechos del niño”, un organismo de la ONU. Más agenda progre.

Prohibir a los niños asistir a los toros supone dividir y entrometerse en los derechos de las familias. Prohibirles a los niños y adolescentes entrenarse para ser toreros supondría cortarle vilmente las alas al talento nacional, matar sus sueños.

Asimismo, sería terminar con los semilleros (las escuelas taurinas), así como con los primeros contactos de los niños con el arte del toreo no sólo en las plazas sino en los tentaderos. Sin semilleros no tendremos más futuros Roca Rey, ni más futuros Galdós. Esta gran generación de oro que hoy nos hincha el pecho de orgullo y nos lleva a una emoción hasta las lágrimas, allí morirá.

Es inadmisible, una barbaridad para todos los ciudadanos que esta clase de leyes se materialicen por culpa y capricho de una sórdida minoría caviar y comiencen a recortar las grandes libertades para celebrar en familia nuestras tradiciones. Tengámoslo claro, pues si esto sucede, tristemente empezará a extinguirse para siempre nuestra identidad y cultura como nación.

The Pilot Twitter @twitthepilot Facebook: @facethepilot

(Personaje de ficción. Sus dichos y comentarios no responden necesariamente a las opiniones de su autora)

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