Opinión

LA TENTACIÓN OCLOCRÁTICA

Nuestro columnista invitado, Octavio Salar, analiza cómo el presidente Vizcarra no informa al pueblo sobre el referéndum, sino que agita a las masas

El historiador Polibio sostuvo que  cuando la decisión no la toma el pueblo, sino la muchedumbre” estamos en el ámbito de la oclocracia, vale decir, cuando el pueblo es manipulado y decide sin información verídica. En otras palabras, estamos ante el peor de los sistemas políticos, el último estado de la degradación del poder o sea la degeneración de la democracia, que se nutre del rencor y de la ignorancia.

¿El actual mandatario está siendo tentado por dicha opción? Veamos: el presidente Martín Vizcarra impulsó la aprobación parlamentaria de cuatro reformas constitucionales, que serán sometidas a referéndum el próximo 9 de diciembre, pero con un discurso confrontacional orientado a cuestionar permanentemente a otras instituciones del Estado.

Para tal efecto, cuenta su favor, además de la opinión pública, con importantes aliados: los medios de comunicación, las ONG de izquierda y sectores de magistrados ideologizados y politizados en el Poder Judicial y el Ministerio Público.

En el ámbito de la administración de justicia, vemos, por ejemplo, como el derecho está sometido por la política, afectándose la presunción de inocencia, el derecho de defensa y el debido proceso. Por eso, con acierto, analistas independientes la han denominado de diversas maneras: “justicia plebiscitaria”, “justicia popular”, “criminalización política” o “ajusticiamiento mediático-judicial”.

Advertidos estamos, como diría Montesquieu  que “No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia”.

Mientras, el presidente Vizcarra, sigue así “cosechando” réditos políticos, su administración a solo un mes de culminar el año, muestra una clamorosa ineficiencia, al extremo que solo un ministerio ha logrado que el avance de inversión pública supere el 50%, el resto apenas bordea el 30 o 40 %.

No es todo. Estamos perdiendo credibilidad internacional. Recientemente, el ministro de Economía viajó a Boston y New York para captar 2,000 millones de inversión. Resultado: cero. Ni un centavo. Y debido a la conflictividad política hemos pasado, según el ranking Doing Business de la competitividad, del puesto 36 al puesto 68, del 2011 al 2018.

Sin duda, el presidente pretende capitalizar el descontento ciudadano a través su “caudillaje” político, apoyado en la denominada sociedad civil “organizada”, la opinología y pretensión de reclutamientode las nuevas autoridades regionales y locales electas, aunque con intereses no necesariamente convergentes, ¿Eso entiende él por institucionalidad?

Luego del referéndum del 9 de diciembre, en el cual se aprobarán las precarias reformas políticas y judiciales, ¿Cuál será la agenda del gobierno? ¿La reactivación económica, combatir la inseguridad ciudadana o seguir con la confrontación política?

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