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NO ES MI “REY LEÓN”

(The Pilot es un personaje de ficción, sus dichos y comentarios, no responden necesariamente a las opiniones de su autora.)
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Pocas veces suelo escribir sobre películas, pero siento que esta vez debo pronunciarme, no sólo porque “El Rey León” (adaptación libre de Hamlet) de 1994, marcó la infancia de mi generación y varias más, sino porque esta suerte de “Live Action” del 2019, destruye partes fundamentales de la historia, en desmedro del sano entretenimiento familiar, pero a favor de lo “políticamente correcto” y por supuesto, la agenda global internacional, el nuevo orden mundial.

Vayamos de menos a más. Primero, casi la totalidad del elenco de voces es negro, diferencia radical con la película original, las únicas voces conocidas que se quedan son las de Lebo M (Cantante) y James Earl Jones (Mufasa), ambos de etnia negra. El resto del elenco es reemplazado por actores bastante acorde al modelo de “diversidad” impuesto por la progresía.

Se olvidan que Matthew Broderick aún habla, que Rowan Atkinson es un gran talento, que la dupla Nathan Lane-Ernie Sabella funciona de maravilla y que Jeremy Irons es sencillamente insuperable. Para el nuevo Disney todo ese talento no existe, tan sólo para priorizar una agenda supremacista negra.

Segundo, la magia de “Yo quisiera ya ser el Rey” o “Hakuna Matata”, ha desaparecido, la imaginación es reemplazada por lo previsible de una realidad gris.

“El Rey León” de 1994 es un clásico inolvidable de la historia del cine

Tercero, el personaje de Scar. En el film original es un león, que si bien no es rey, tiene el garbo que muchos reyes quisieran. Es un villano, muy bien distinguido, de gran belleza e inteligencia. Pero en el “Live Action” luce como un león con sarna, viejo y enfermo, un retrato bastante decadente.

Su momento cumbre en la película de 1994, es la escena de la canción “Be prepared” o “Listos ya” en Hispanoamérica, y en ella, se veía como narraba su malévolo plan a un grupo de hienas. La gracilidad de sus movimientos, la distribución de colores, guión, fotografía, pero sobre todo los arreglos musicales y la perfección del canto de Jeremy Irons, hacían que esa escena pague por toda la película.

Juego de luces y sombras entre el villano Scar y el nazi Adolf Hitler

Lógicamente, una parte de la obra maestra en la que consistía la escena, era un momento clave, que en su tiempo fue un guiño, un juego coqueto, que en los 90s se tomó como parte de la trama, pero que hoy, la represora historia progresista hubiera en sobremanera repudiado. Y es el hecho que, mientras Jeremy Irons, o mejor dicho Scar, cantaba, a plena luz de luna, imponente, en lo alto de una roca, abajo marchaban decenas de hienas sumisas, con un orden, precisión, compás, pero sobre todo estilo y distribución (formando cuadrados), muy similares a la de los soldados de la Wermacht de la Alemania de Adolf Hitler, en especial los retratados en la pelìcula de propaganda “El Triunfo de la Voluntad”, de Leni Riefenstahl.

El comunismo no se quedaba atrás, ya que al final del tema, daba lugar a una toma panorámica, con una luna resplandeciente, muy similar a la de la bandera comunista de China. Entiendo, que le tengan miedo a un hombre que (según la historia oficial) desapareció de la faz de la tierra hace casi 80 años, pero… ¿Era para tanto? ¿Era para privar a la audiencia de un guiño que al final es arte? Ese arte que según la misma progresía debe ser “libre”.

¿Tan débil es la progresía en el fondo que le aterran un par de “Hienas Nazis”? Sin duda han de sentirse y saberse muy poco para temer que el público vuelva a empatizar con Scar y rendirse a sus pies. En el “Live Action”, todo ese despliegue se ha suprimido y en su lugar, se aprecia una suerte de brevísimo canturreo lejano, que no es ni la sombra de lo que fue.

Referencias al nazismo en los villanos quedaron eliminadas en la cinta de 2019

Y por último, la peor parte de la cinta se la lleva el intro, por un detalle que en la sociedad desarraigada que tenemos, pasaría como subliminal, pero que ante mis ojos es evidente, y es el hecho de que se minimiza por completo la presencia de Dios, lo cual de por si ya siembra antivalores en los niños.

En la escena original de 1994 iniciaba la película con la canción “The Circle Of Life” o “Ciclo Sin Fin” en Hispanoamérica, donde todos los animales de distintos puntos de la sabana partían en una larga y solidaria caravana, para conocer al primogénito recién nacido del Rey Mufasa, forma similar al viaje de los “Reyes Magos” cuando nació Jesucristo.

Una vez llegada la caravana a la parte inferior de la “Roca del Rey”, en lo alto de dicho lugar, se ve que Mufasa y su cónyuge (Sarabi) muestran orgullosos su cachorro a Rafiki, un primate que es la autoridad sabia del Reino. Él lo toma en brazos y lo presenta hacia la muchedumbre, que celebra emocionada al conocer al futuro sucesor del rey, emitiendo gritos de algarabía según cada especie.

El momento más importante sucede inmediatamente, cuando el cielo se abre para cubrir con un hermoso y notable rayo de luz brillante al pequeño Simba, lo cual directamente simboliza la venia, protección y bendición de Dios todopoderoso hacia el recién nacido. Es en ese momento sublime, donde recién todos los animales se postran ante Simba, reconociéndolo como su futuro rey. En esta escena original no sólo se celebra la vida, sino el respeto de todos los seres vivos del mundo hacia Dios, con alegría y mucho amor.

Lamentablemente, en el “Live action” de Disney, ese detalle esta prácticamente ausente, pues es burdamente reemplazado con un poco de sol, sin dirección específica ni mística, sugiriendo entre líneas ya no el respeto hacia lo divino, sino más bien hacia el poder. Es decir, transformando el valor de la película original en antivalor, desarraigando a los niños de lo más bonito, que es la espiritualidad.

Fotograma de la película original (izquierda) y la versión de 2019 (derecha)

Es en este momento donde te das cuenta que Disney no será nunca más el Disney de Walt Disney, quien al igual que el buen Henry Ford, sabía distinguir muy bien el bien del mal. Ahora es sólo (((Disney))), un monstruo que compra acaparando medios de comunicación, y que hoy en día ya no le interesa en lo absoluto los niños.

Es en este momento donde me doy cuenta, por observar detenidamente los detalles, que este no es mi Rey León. Mi recomendación, vean la película original remasterizada en 3D, que es incontrastable y no simplona, pero si quieren por morbo sacarse el clavo, véanla en DVD, porque pagar por ver la desnaturalización de los valores es contribuir a que esta tendencia vaya en aumento, en perjuicio de nuestros niños.

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1 thought on “NO ES MI “REY LEÓN””

  1. No he tenido aun la oportunidad de ver la nueva versión de El Rey León, no obstante, el bien logrado enfoque sobre la misma, me recuerda que la empresa Disney después de la muerte de su fundador no está dirigida como antes hacia la niñez y juventud. O en todo caso, no a una niñez y juventud con valores morales.
    Los intereses LGTBI se reflejan en las producciones de Disney. Series de jóvenes protagonistas homosexuales, de niños con madres lesbianas y de princesas gay, son dirigidas a una audiencia promedio de diez años de edad, convirtiendo a la empresa en la pionera en promocionar la agenda internacional LGTBI desde los 90. Gran honor.
    Es sabido que la agenda LGTBI se encuentra íntimamente ligada a la nueva etapa de expansión del comunismo internacional emergida del Foro de Sao Paulo, por lo cual, lo que nos relata la autora de la crítica cinematográfica nos deja una sensación de lástima por la desfiguración de una empresa que hizo las delicias de los jóvenes y niños de generaciones anteriores, pero sobre todo, gran desazón y alerta de que se encuentre en marcha un plan político que pasa por una campaña anti valores en procura de destruir una cultura construida mediante siglos de esfuerzos colectivos. Nuestra cultura.

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